
A cuenta de una noticia publicada hoy en el periódico La Provincia sobre los 20 millones de euros destinados a la mejora de la zona turística del sur gran canario, me asalta una tremenda impotencia e indignación sobre las políticas turísticas que tenemos hoy en día.
Hace años cuando los turistas venían a nuestras islas se les trataba como a "reyes", en el complejo se trabajaba para hacer la visita lo más agradable posible al cliente, esto se conseguía porque en ellos la gente que formaba las plantillas formaban casi casi, una gran familia. Había buenos profesionales, directores de hotel y jefes y gobernantas con humanidad y buen hacer que lograban que todo funcionara a las mil maravillas y los clientes se marcharan contentos, con un buen recuerdo, y lo mejor de todo, con ganas de volver en otras ocasiones. No es raro el caso de complejos que llevan desde los años sesenta o setenta teniendo clientes fijos que llevaban viniendo aquí de vacaciones más de veinte años seguidos. Casos así hay muchos, en el famoso Hotel Meliá Tamarindos había una baronesa alemana que estuvo visitándonos por más de veinte años, primero acompañada de su madre y cuando esta falleció, sola. En el hotel tenía hasta una habitación fija y particular a su gusto, y ¿que pasó? Qué con los años se han ido marchando por las malas condiciones laborales la mayoría del personal, han venido directores nuevos que sólo buscan rentabilidad sin pensar en que un trabajador contento es un trabajador productivo y adiós a los viejos tiempos y también a la baronesa, que ha preferido pasar sus últimos años de vida en otro sitio.
El hotel sigue siendo un referente (5 estrellas) pero eso no evita que el trato con el cliente sea deficiente y nada que ver con antaño. Ahí se da el caso de un turista que dejó como propina a una camarera un sobre, que lo que ella creía propina, solo eran las bolas de pelusas que había encontrado bajo la cama.
La culpa de esa situación no es de las camareras ni del resto de trabajadores, es de los que están por encima, que los explotan a base de bien para no poner más personal, y como la necesidad acucia, no queda otra que aguantar, normal que cuando te ponen 18 o 20 habitaciones con salidas incluidas haya pelusas y suciedad en las habitaciones, no hay tiempo para hacer más. Y no son pocas a las camareras de piso que se les cae la cara de vergüenza por no poder atender al cliente como se merece.
Sin contar con que la zona turística se cae literalmente, a cachos desde hace años es innegable que las políticas de dirección de hoteles y apartamentos no están siempre en las mejores manos posibles y esta es otra de las causas de porqué cada vez nos visita menos gente.
No es lógico ni normal, se escapa a mi entendimiento como se le pueden negar a clientes que lo solicitan un juego limpio de toallas porque "ese día no le toca cambio" cobrarles por pedir a recepción una manta para la cama o alojarles en complejos que tienen el mismo mobiliario y pintura en las paredes que cuando se inauguraron hace 30 años, eso sí, en la publicidad del mismo le metemos una foto retocada de una habitación, puede que la única del complejo que ha sido restaurada.
Impotencia, y pena, mucha pena causa ver que aparte de lo deteriorada que está la zona turística, encima muchos hoteles y apartamentos estén dirigidos por personas que no están capacitadas, explotando al máximo a los trabajadores y olvidándose de que los turistas son, nos guste o no, los que nos dan de comer.